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jueves, 31 de agosto de 2017

¿QUE PASA EN VENEZUELA?

La separata explora la situación de la estatal Petróleos de Venezuela S.A (PDVSA), la cual después de ser una de las protagonistas de la industria petrolera en el mundo se convirtió en una empresa que no solo produce menos y gasta más, que tiene una alta carga financiera, sino que también se ocupa de funciones que tenían otros sectores productivos .

¿Qué pasa en Venezuela? muestra cómo la pobreza se puede explicar a partir de la falta de provecho de la bonaza económica que el país tuvo en el 2004 y también por la debilidad de las misiones sociales emprendidas por el gobierno, que hoy ubican entre 12 y 13 millones de venezolanos pobres en el mismo lugar que estaban hace 15 años, haciendo evidente la falta de movilidad social.

Este especial se enfoca también en la inseguridad -que afecta a todos los estratos sociales- una de los asuntos que actualmente sitúa a ese país como uno de los más violentos del mundo debido a una tasa de asesinatos que, tanto en cifras oficiales como no oficiales, supera los 10 por cada 100.000 habitantes, situación que según la Organización Mundial de la Salud (OMS)) hace que Venezuela tenga una “epidemia de homicidios”.

¿Qué pasa en Venezuela? también relata la situación del estado fronterizo de Táchira donde la escasez, la inseguridad y las colas para conseguir productos básicos han hecho que se viva un estallido social, caracterizado por las frecuentes manifestaciones que se han dado durante las últimas semanas en rechazo al gobierno del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.


Venezuela: ¿por qué está en crisis la revolución?

El país vive la crispación política, PDVSA se debilita y lo básico escasea. Informe especial.

Una radiografía de la situación en el vecino país muestra las dinámicas que se mueven en medio de una revolución socialista en transición y las protestas de una oposición que no hace tambalear a Maduro.

Razones de una crisis que no cesa
Dieciocho muertos en un mes de multitudinarias protestas, más de 200 heridos y una inflación anual de 56 por ciento no tumbarán al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

Tampoco lo logrará la inseguridad, que se refleja en las morgues superadas por los muertos (casi 12.000 o 25.000 en el 2013, según quien los cuente) que ha puesto a Venezuela como uno de los países más peligrosos del mundo; menos, la escasez de harina de maíz para las arepas de leyenda, ni la falta de papel higiénico y un largo etcétera de productos básicos que marcan un desabastecimiento de 28 puntos porcentuales.

La permanencia en Miraflores del exchofer de metrobús, exsindicalista, excanciller y exvicepresidente, del que la maledicencia dice que nació en Colombia –en zona de frontera–, la garantiza la Fuerza Armada Nacional, la mitad más uno del país que se cree ‘revolucionaria’ y devota a morir y ha gozado de sus beneficios, y casi una veintena de elecciones en las que el chavismo ha ganado, a veces holgadamente y otras por un puñado de votos, como en las pasadas presidenciales.

Pero la dinámica en la que se ha sumido Venezuela, el país con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, con apenas 30 millones de habitantes y que por sus ingresos podría tener niveles de país del primer mundo, parece el drama o, al menos, el culebrón de telenovela de una realidad atravesada por el despilfarro y la inequidad de las bonanzas desaprovechadas por una élite política corrupta o ineficiente desde los 70. De este punto a una revolución de cualquier índole faltaba poco. Y así fue. La encarnó el teniente coronel paracaidista Hugo Rafael Chávez Frías, un caudillo mesiánico, de verbo explosivo y carisma fascinante, que se inspiró en el desajustado y convaleciente modelo cubano y que, a su muerte, hace un año, dejó al país sumido en una incertidumbre que en parte explica lo que sucede ahora en las calles y que se vino a sumar a la terrible polarización que trajo su vertiginoso ascenso y las hábiles maniobras que lo sostuvieron en el poder. Su épico regreso, tras un aventurero e ingenuo golpe de Estado de 48 horas en abril del 2002, ya forma parte de las fábulas de héroes y villanos que enseñan los colegios.

Los chavistas explican sencillamente el fenómeno actual: “Un sector minoritario de la ultraderecha ha decidido desarrollar un plan de ‘Maduro vete ya’, y, de manera disociada, algunos manifestantes, que no expresan la realidad de nuestro pueblo, creen que lo pueden lograr. Pero no es toda la oposición”, se apresura a aclarar el exministro chavista .

“Hay problemas económicos, obviamente; hay una situación importante de desabastecimiento por múltiples razones –reconoce–, pero no hay una situación que amerite que se levante la bandera de derrocar a un gobierno legítimo, constitucional. Son los mismos sectores desesperados del 2002 que intentaron derrocar al presidente Chávez, con Fedecámaras y una parte del ejército. Son los mismos que aquella vez salieron derrotados y hoy también saldrán derrotados”, añade.

Aunque las tensiones y la polarización fueron creciendo a medida que el gobierno de Chávez se tornó ‘socialista’ y ‘bolivariano’ (que pocos entienden qué significa) y fueron habituales las protestas e, incluso, los dolorosos rompimientos familiares por simpatías políticas, el anuncio del tumor de Chávez en junio del 2011 y las señales tempranas de la crisis económica desencadenaron la bola de nieve que hoy rueda por las cálidas ciudades venezolanas.

“En el 2012 convergen dos problemas: mantener a Chávez en el poder a pesar de su enfermedad y los síntomas claros de la descomposición económica. Por eso, no se le puede achacar a Maduro toda la responsabilidad. La transición tras la muerte de Chávez, lo apretado del resultado de las presidenciales (1,5 por ciento de votos de diferencia), la crisis inflacionaria y de seguridad y, a finales de diciembre del 2013, la discusión dentro de la oposición sobre el liderazgo y la línea política que había que seguir, que permitió que un sector se lanzara a las calles para plantear un cambio de régimen, todo, todo eso aceleró los procesos que se venían dando desde el 2012, el 13 y el 14 y que han llevado a los acontecimientos actuales”, dice a este diario el analista de la Universidad Central Carlos Romero.



Las salidas no son claras y puede empeorar la violencia en Venezuela

Las protestas que han sacudido al país desde el 12 de febrero ya han dejado ocho muertos, decenas de heridos, casi 400 detenidos y un amplio expediente de denuncias de violaciones a los derechos humanos. Mientras que López, fundador de Voluntad Popular, está preso en la cárcel militar de Ramo Verde, Machado, diputada independiente a la Asamblea Nacional, se enfrenta a la pérdida de su inmunidad.

El presidente Maduro ha señalado que la “derecha fascista” encabeza un golpe de Estado, cosa que ha negado Capriles, gobernador del estado Miranda y excandidato presidencial de la MUD, quien no es amigo de la protesta callejera como apuesta principal y advierte: “Hay sectores del Gobierno que les interesa el ‘Maduro vete ya’ porque eso significa ‘Diosdado (Cabello, jefe de la Asamblea Nacional) vente ya’

¿Hacia dónde va Venezuela?

La politóloga Susana Di Trolio plantea tres escenarios. “El primero es que el régimen logre a través de la represión un estallido social en cámara lenta y, por ende, el paulatino enfriamiento de la oposición”.

Esta profesora de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) plantea como segunda hipótesis “una reconfiguración interna dentro del chavismo que busque una salida militar”. En una palabra: “Un autogolpe”. La académica señala que “el componente militar está sometido a las mismas presiones que el resto de los venezolanos”, lo que empujaría a “un cambio dentro de las élites del chavismo” y la sustitución de Maduro por otro líder bolivariano.

La tercera opción para esta investigadora sería la “transición democrática”. “Sin embargo –anota–, creo que estamos un poco lejos de eso, todavía es necesario que las bases populares sientan la gravedad de la crisis económica y política, y la asocien con el régimen”.

El profesor Óscar Vallés, jefe del departamento de Estudios Políticos de la Universidad Metropolitana (Unimet), también maneja un trío de escenarios. No obstante, antes de avanzar en su explicación, destaca la necesidad de referirse a la división de la oposición en tres núcleos: 1) El movimiento estudiantil, “con una organización bastante autónoma”; 2) los partidos políticos y su liderazgo, que se esfuerzan por mantener la unidad pese al enfrentamiento entre Capriles Radonski y López; y 3) un “sector anárquico” que apoya las protestas estudiantiles y se aleja del liderazgo tradicional, por más que trate de ser capitalizado por López y Machado.

Partiendo de esta premisa, Vallés indica como primera alternativa que esos núcleos se agrupen, marginen a los radicales y “superen la vieja dialéctica chavismo-oposición por una más dinámica y real de Estado-sociedad civil”. Alcanzado este objetivo, “la sociedad civil ejecutaría una política inteligente de resistencia pacífica y cívica, sin pretensiones de tumbar al Gobierno”. Empero, el analista no apuesta por la viabilidad de esta idea, pues cree que “frente a una cohesión de esa magnitud, el Estado chavista se jugaría el todo por el todo”.

La segunda carta llevaría al Estado chavista a jugar al “desgaste de los radicales”, buscando establecer puentes con el sector político tradicional, que también comparte responsabilidades de gobierno y espacios en los cuerpos deliberantes, mientras desplaza a los estudiantes. “Este es el escenario más probable, que favorece al Estado y a los partidos de la oposición, permitiendo una suerte de apaciguamiento” por la vía del diálogo.

La última conjetura de Vallés implica el fracaso de Capriles Radonski y la MUD, lo que desbocaría a los extremistas de ambos bandos y aumentaría la represión. “Ese sería el escenario más explosivo, pues terminaría por brindar a los radicales de la oposición y el chavismo el predominio de la vida pública venezolana”.



Maduro dice que Venezuela seguirá trabajando por la paz en Colombia

El presidente convocó a Conferencia para la Paz y dijo que se avanzará en la lucha contra el crimen.
El presidente venezolano, Nicolás Maduro, señaló en rueda de prensa transmitida por el canal Telesur que era muy preocupante el atentado registrado este domingo contra la candidata presidencial por el partido político Unión Patriótica (UP) Aida Avella y que Venezuela seguirá trabajando por la paz en Colombia.

“Estamos dispuestos a seguir trabajando por la paz en Colombia”, dijo Maduro. “Le he dicho a Juan Manuel Santos que esa oligarquía tiene mucho dinero y financian desde Colombia el golpe de estado aquí”, añadió.

Maduro además pidió que se instale una Comisión de la Verdad para investigar los actos de violencia que tuvieron lugar en Venezuela así como los hechos de agresión que se registra en ese país. “Tenemos todo para que la Asamblea Nacional investigue”, dijo
.
En la declaración, Maduro llamó a la gran Conferencia por la Paz. “Yo le digo a los dirigentes políticos de oposición que hagan su parte: llamen a la paz”, agregó
.
Maduro enfatizó que su Gobierno siempre se ha llamado a la paz, el amor, la tolerancia, el respeto y que aunque en 10 meses ha sufrido intentos de golpes de Estado y magnicidio “las guarimbas lograron unir más el chavismo”.